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Internada (Capítulo Final)

Estaba mal, pero había pasado por tanto que no podía llorar, me agache lo tome en mis brazos y dije:

– No te mueras, por favor. 

– Te…. – pero no alcanzo a terminar porque falleció. Luego entro un oficial y dijo:        

– Sra. Su abuela Emina Langer, Falleció.       

– ¿QUÉ? – y sin poder resistir más me desmaye…     

Al despertar junto a mi estaban Eduardo y Benjamín.

– ¿Cómo estás? – dijo Eduardo         

– Las preguntitas, ¿tú que crees?- respondió el Benja       

– Debemos organizar los funerales- respondí débilmente.         

En el funeral no podía llorar no por tratar de hacerme la valiente, pero no me salían lágrimas, entonces se acercó Eduardo y dijo:

– Lo siento mucho.

Estas sencillas palabras me dieron mucha pena que logre llorar, entonces se acercó en Benja me abrazo y dijo:

– Recuerda que las cosas pasan por algo……        

Lloré mucho abrazada a Benjamín, ya no sabía que podía pasar, y pensé:  

– Siempre estaré sola…

– No, no es así…- respondió una voz.              

FIN

Internada (Capítulo 7)

Cierto día recibí una llamada del Benja. 

– Querida primita, Hola- dijo     

-¡Benja! Qué bueno escucharte, ¿cómo estás?

– Bien, super bien- su voz era distinta, en los años transcurridos había cambiado un poco.  

Nuestra conversación duro 2 horas luego  nos despedimos y dijo que me estaría llamado. Cambiando el tema cierto día llego el Bruno con su polola, llamada Fabiola, la típica niñita, rubia de ojos celestes. Cuando estuvimos solos le dije:

– ¿cómo que tu polola?   

– Sí, es linda ¿cierto?      

– No me puede gustar, soy mujer ¿recuerdas?- le dije molesta      

– Eso lo sé muy bien- respondió       

– ¿De qué hablas?            

– De nada- y se fue porque tenía que ir a buscar a su maldita hueca, quiera decir, Novia, no sabía porque me molestaba tanto. Tarde unos cuantos meses en darme cuenta de que amaba a Bruno y lo que sentía eran celos, pero me di la misión de olvidar lo que sentía. Una tarde me encontré  a Bruno solo.

– hola, ¿y tu novia?

– Terminamos- respondió        

– ¿En serio?- una diminuta esperanza surgió en mi      

– Bueno la verdad ella termino conmigo        

– ¿Quieres que te consuele?- comente      

Él estaba sentado y yo de pie, entonces se levantó, me miro y dijo:

– De verdad, entonces abrázame, estoy tiste- él no hablaba en serio me estaba agarrando para el web. Me puse seria y le dije lo que había jurado tratar de olvidar.

– Sabes, yo te amo     

– ¿Qué tú qué?- pregunto impresionado por la declaración.    

– No seas sordo, quieres, y lo que te dije fue que te amo..  

– Pues……    

No lo deje terminar porque me puse en las puntas de los pies y lo bese, antes de que me arrepintiera. Luego de esto nos pusimos a pololear, también llego el Benja y el Eduardo con su Sra., ambos estaban contentos de que el Bruno y yo fuéramos novios.

Para mi cumpleaños el Benja me regalo libros raros, el Eduardo ropa, pero estaba triste porque Bruno no apareció. Luego a la noche sentí una armónica salí y lo vi con un gran ramillete de rosas negras.

– Representa que siempre serás mía, ¿puedo pasar?- dijo       

– Claro- respondí

Fue la noche más maravillosa que he tenido, Bruno es tan tierno y delicado. Cuando despertamos, él me dijo:

– ¿Te gustaría despertar así conmigo por el resto de tu vida?           

– Obvio- respondí feliz         

Estaba terminando el año cuando empezamos arreglar los detalles para casarnos.

– ¿Te casaras de blanco?- inquirió el Benja            

– ¿Insinúas que no soy virgen?           

– No yo no he dicho eso- respondió riendo.        

Al Benja le había salido todo bien; salud, estudios, amor, pololea con una extranjera. El Eduardo estaba feliz porque será padre.

El día de la boda estaba feliz, solo lamentaba que mis padres no estuvieran, ni tampoco mi abuela.

Él me esperaba en el altar elegante, cuando llegue a su lado sonrío y me tomo la mano. Todo fue como una película romántica, por fin era su esposa y él mi marido, entonces…           

Una voz dijo:

– Solo estarán juntos hasta que la muerte los separe, ¿No querida amiga?- era Lena y sacó un arma- no se muevan.         

– ¿Por qué, Lena?- pregunte                

– Él no puede ser tuyo, así que tú morirás, él es mío- y disparo hacia mi corazón, pero…..              

– ¿Qué hiciste?- dijimos Lena y yo, el disparo lo recibo Bruno en su corazón, no se salvaría.               

– Si él muere yo también- y sin decir más se suicidó, Lena.               

Fin cap. 7

Internada (Capítulo 6)

Ha pasado el tiempo, ahora tengo 19 años, todo ha cambiado; el Benja está estudiando en EE.UU y mi primo Eduardo esta de luna de miel, solo me queda mi querido y mejor amigo Bruno.

Mi abuela está mal alucina mucho.

Bruno y yo estudiamos en la misma universidad pero no lo mismo, él estudia Construcción Civil y yo Sociología.

Mi tío Vicente me presento a su hija Soledad, es super simpática. A pesar de saber que hay gente que me quiere me siento sola sin nadie en quien confiar, quizás algún día pueda decir lo contrario.

En la “U” somos 2 compañeros el resto se quedó en primero, son solo 5 hombres el resto son mujeres, los estuve observando y solo 1 me gusta, pero es gay y tiene pareja, que pena. Luego deje de pensar en tener novio y me centre en los estudios.

Un día me junte a estudiar con Bruno, él estaba muy callado.

– ¿Qué te pasa?

– Nada solo pienso- respondió        

– Ahora que lo dices, he pensado en todo lo que me ha pasado y lo único bueno que rescato es la linda amistad que tenemos.        

– Amistad- repitió Bruno en forma mecánica    

– Sí, pero estudiemos       

– Claro, claro, a eso vine- respondió Bruno.

Fin Cap. 6

Internada (Capítulo 5)

Lo que escuche me dejo atónita. Mi abuela contó que cuando las  esposas de Vicente y Max tendrían sus bebes ella lo recordó todo, dice que repentinamente se vio en otra casa, que era en donde vivía con sus padres, recodo la discusión que era porque ella había descubierto que sus padres eran primos, entonces le dio rabia agarro unas tijeras y los apuñalo, cuando se dio cuenta de lo que había hecho decidió quemar la casa y se fue iba llorando y no vio un auto que venía este la choco y por eso perdió la memoria, quien manejaba el auto era el papá de Vicente. Luego el sicólogo le dijo que para la otra sesión hablarían de mi padre y también que paso cuando Vicente y Max la encontraron tirada en el suelo. Cuando termino me fui corriendo para llegar antes que ella a casa en el camino me encontré con Eduardo y Benja muy apurada les pedí que me llevaran.

– Que eres patuda- dijo el Benja              

– Vamos sube- respondió Eduardo           

Al llegar a  casa me despedí de ellos y para sorpresa tanto mía como de Eduardo, Benja me tomo el brazo y dijo.

– Así no se despide- sin agregar algo más me beso en los labios y se fueron.

 Por fin pude entrar al colegio, lo que paso con el Benja quedo como un secreto entre los que estábamos. Bruno estaba algo distinto y me acerque a hablarle.

– ¿Por qué tú y Lena no dicen que son novios?     

– ¿Novios? ¿quién te dijo eso?     

– Ella ¿por qué?   

– Permiso- dijo y se fue.         

Nunca pensé que esa pequeña conversación tendría tan grandes repercusiones en el futuro….

Cuando Bruno llego don de Lena le dijo:

– ¿Por qué le dijiste a Yumi que tú y yo somos novios?  

– Que quieres que te diga, yo haría todo para estar contigo, pero tú solo…. solo tienes ojos para ella, siempre me has gustado y cuando ella estuvo en el hospital desee que se muriera, todo hubiera sido más fácil, ah, otra cosa a ella nunca le ha gustado el Benja.     

– ¡Te desteto, no se supone que es tu amiga, ¿por qué no desapareces?!- dijo en Bruno   

– Si me iré, pero responde ¿qué tiene ella que no tenga yo?

– Ella… ella es muy sociable, pero yo sé que hay un lado que nadie conoce, es como yo, por eso me gusta- respondió con total sinceridad Bruno       

– Me lo suponía, igual siempre desearé que se muera.       

Jamás supe porque Lena se fue con Bruno todo volvió a la normalidad, claro que no le conté lo que sabía de mi abuela. En la última sesión que tuvo supe lo que le paso cuando la encontraron tirada, ella dijo que su madre la había venido a buscar para llevársela al por haberlos asesinados, pero como justo llegaron Max y Vicente, su madre la había dejado tirada en el piso. Pero lo más impresionante fue lo que contó de mi padre, ella relató que cuando recordó todo se refugió en Max, ya que se había acostumbrado a la idea de perder a Vicente además su esposa era simpática, él también se refugió en ella por la muerte de su esposa Karla y su primogénito durante el parto, entonces una noche cuando cenaron se les pasaron las copas y paso de todo, antes de despertar Vicente los vio y Max para no discutir se fue, a las semanas se fue ella también no quería saber nada de ellos. Pero luego recibió 2 noticias; la primera era que estaba embarazada del hermano del amor de su vida y lo segundo era que el padre de su hijo había muerto en un accidente de auto. Desde entonces ella no sabía nada de Vicente. Fue impresionante saber que Eduardo, Benjamín y yo somos primos en segundo grado, entonces vino el problema decirles o no. Cuando decidí hacerlo los junte a todos; abuela Vicente, Eduardo, Benjamín, y yo. Al verse tanto mi abuela como Vicente se quedaron mudos cuando di la noticia a mi abuela no le quedo otra que confirmar.

– Estamos anonadados- dijo Eduardo

– Así es la vida queridos primos    

Las cosas fueron de mal en peor; mi abuela se trastorno y trato de matarme, con mucha pena, la interne en el manicomio.

Fin cap. 5

Y qué si es así… en ocasiones el pasado se repite.

En tiempo muy lejano… en un momento diferente, existía una joven que creía en la bondad de las personas, en que podría ser feliz y desarrollarse con total libertad, en cada aspecto de su vida… No obstante, aquella tonta ilusión, sería arrebatada en un momento complejo de su vida por una persona a la que había entregado su alma por completo, convirtiéndola en una persona mala, racional, llevándola a dudar de cada persona que se le acercara, analizando cada movimiento para no ser lastimada…

Pero el tiempo paso, las personas en su vida también; perdió amigos, familiares. y seguía sin confiar, el miedo consumía sus sentimientos por la vida, sin embargo, conoció a un ser diferente, una persona que complementaba su vida, alguien que le demostró que valía la pena seguir, volver a ser una joven con sentimientos, que la llevó a ser una persona menos rencorosa de las situaciones que el destino le presentaba. Tanto así que, tomó la decisión de darle una oportunidad, pero más que nada darse una oportunidad de vivir, de ser feliz completamente.

Todo iba bastante bien, por fin había forjado una relación firme y estable, eran amigos, amantes, novios, una rara combinación, ya que las parejas a su alrededor, no eran iguales. Honestamente todo se veía perfecto… pero como la vida no es así ocurrió algo que ella no esperaba…

Sin ser muy sociable, conoció a un joven bastante agradable, sin ningún atractivo particular, un hombre que con apariencia de niño y por su edad, podía ser su hermano menor. Es así que comenzó a entablar, de vez en cuando, conversaciones triviales de la vida, sin ahondar en cada uno, ya que, no estaba en los planes de ella y, definitivamente, en los de aquel joven tampoco.

A pesar de lo anterior, hubo un día que un acto de él la hizo remecer, recordar a aquel joven que la había destruido por dentro, además de recordarle a un muy buen amigo, situación que sólo pasa en su universo y en aquellas coincidencias extrañas. Fue un abrazo, sólo aquel gesto, trajo recuerdos, interrogantes nunca contestadas, pero que este nuevo personaje, no debía darle respuestas a aquellos pensamientos… que debían estar guardados y supuestamente “superados”.

¿Qué hacer? ¿Qué decir? Y ¿cómo actuar?

Poco a poco tomaba valor, tenía que hacer como si nada… acercarse a él era un error, había química y ella lo sabía, había conexión y ella no lo entendía… estaba ahí, envuelta en su pasado-presente. Perdida entre lo recuerdos y pensamientos que aquel joven traía, puede que  fuera coincidencia, destino, pero ella ya había tomado su destino y había hecho un camino a su antojo… ¿Acaso valía la pena dejar lo conseguido por una repetición del pasado? Porque cada vez este ser se parecía más a él… cada vez este joven de ojos profundos, se asemejaba a la sombra de su pasado… gritar su angustia no sirvió, menos aún auto-convencerse… simplemente dejó que los hechos pasaran, meramente dejó a su pasado deslizarse entre sus manos… porque en ocasiones el pasado puede repetirse, con diferencias a lo sucedido… al final de todo el pasado es eso; pasado y ahí se debe quedar… atrás.

UN ÁNGEL PARA MI SOLEDAD: Capítulo final.

Bueno, desde que lo conocí jamás volví a quedar sola, él iba y venía, pero siempre estaba allí, me distraía haciéndome olvidar las penas…

“- Hace ya bastante desde que nos conocemos- dije- él sonrió como siempre y dijo que no nos llevábamos tan mal, le pregunté por la llave y que tenía que hacer con ella, me contestó que no era el momento para pensar en eso. Justo en aquel momento sonó el timbre, Gustavo desapareció y yo me dirigí a abrir la puerta. Era la madre de Edith, mi mejor amiga, tenía los ojos llorosos, la hice pasar. Me contó que Edith estaba grave en el hospital. Fuimos, pero al llegar la situación era crítica. A los pocos días ella falleció, por segunda vez en mi vida sentí que mi corazón se partía en millones de pedazos. Me senté en el balcón y dije: ¿por qué las personas que quiero me dejan?, Gustavo se acercó y contestó – Yo aún no te dejo- entonces se arrodilló levantó mi rostro secando mis lágrimas, cuando lo vi bien, observe que sus dos maravillosas alas estaban desplegadas, luego añadió –Yo estaré contigo por siempre- cuando terminó de hablar por primera vez me abrazó con todas sus fuerzas, me cubrió con sus alas y pude llorar libremente…”

Aquella vez fue la única en la que nos hemos podido tocar… Ha comenzado mi tercer año de convivencia con Gustavo y espero que todo sea bueno…

Estoy estudiando para poder distraerme debido a que he caído en una leve depresión.

– Es el momento de que sepas todo- dijo- y me ha pedido que vayamos a su casa. Cuando llegué su madre me atendió con mucha amabilidad, le pasé la llave, luego de un rato me trajo una carta. Nos fuimos y al llegar al departamento me pidió que la leyera, lo hice y me he sorprendido, es una declaración para una chica. Él me miró y dijo- Es para ti, verás yo ya te conocía, siempre te observaba en el metro, me iba a declarar sin embargo me asesinaron… me dieron la oportunidad de cuidarte y de estar a tu lado, porque te amo y aquí estaré, aunque no me correspondas- me puse de pie y me encerré en mi alcoba. Pasé una semana allí, al octavo día salí y le dije:

  • Ándate y no vuelvas más
  • Esta bien, es lo que deseas y lo respeto- y mientras aparecían sus alas añadió- ¿por qué quieres que me vaya?
  • No me gustan los engaños, ni los rodeos, además tu pides que te ame y eso es ridículo ya que tú estas muerto- contesté, mientras desaparecía por tercera vez sentí que me despedazaba, en aquel instante caí en la cuenta de que estaba en un error al pedirle que me dejara, solo oí su adiós, y en ese momento quise alcanzarlo pero no pude, entonces grite

    – ¡DIJISTE QUE ESTARÍAS CONMIGO POR SIEMPRE!- cayendo de rodillas lloré amargamente. Cuando me dirigía a mi pieza me abrazaron por la espalda diciendo: Por siempre contigo, cariño- era Gustavo, quien había vuelto para estar conmigo en mi soledad. 

UN ÁNGEL PARA MI SOLEDAD: Capítulo II

Miraba al chico directo a los ojos, no podía creer lo que estaba viendo. Entonces repetí

– Tú… estás…

– Si muerto es la palabra correcta, sí, lo estoy- al parecer quiso seguir hablando, pero sonó mi teléfono. Me di vuelta a buscarlo. Quien me llamaba era mi mejor amiga, Edith, ella no sabía que estaba de duelo no había querido contarle, prefería vivir el duelo sola, pero con lo que en aquella ocasión ocurrió sentía que me estaba volviendo loca. Debía ordenar el desastre que tenía, pero antes me cambié de ropa, cuando estaba con los pantalones en las rodillas, me hablaron:

– ¿Por qué no le has dicho que tu mamá falleció?, Y otra cosa, delante de mí no deberías sacarte la ropa- dijo Gustavo.

– Pues entonces sal de mi vida, déjame en paz, vete al cielo o al infierno. ¿OK? – conteste más que molesta algo trastornada, él me contesto que se iría, sin embargo, agregó que cuando lo necesitara solo dijera su nombre, mientras lo decía de su espalda aparecieron dos hermosas y blancas alas, estaba tan sorprendida que no pude hablar, él solo sonrió y desapareció. Pasados unos días de este incidente, estaba recostada en mi cama, no podía dejar de pensar en Gustavo e inconscientemente dije su nombre. Él apareció y se sentó al borde de mi cama, tenía muchas dudas de por que podía verlo o qué quería, cuando le hice estas interrogantes, contesto que no era el momento de saber las respuestas, entonces añadió que quería pedir un pequeño favor, el cual era que fuera a su funeral y hablara con su mamá. Accedí y al querer darle la mano lo atravesé, nos miramos algo atónitos, no supo decirme el por qué no podía tocarlo. Comenzó a revisar mi escritorio, encontrando mis apuntes los leyó y se rió diciendo: “que cursi tu historia”. Le pedí que saliera y me vestí para ir a su funeral. Cuando llegué reconocí a su familia de inmediato me acerqué a su madre, la saludé dándole el pésame y le comenté que veía a su hijo. Al principio no me creyó, pero luego al verme tan seria con lo que afirmaba me entregó una llave agradeciéndome que fuera la interlocutora con su hijo. Al salir de allí principió una llovizna que derivó en una densa lluvia. Al llegar a mi casa me recosté en el sofá, aún no le contaba a mi mejor amiga que estaba sola. Gustavo me observó y luego me pasó el celular diciendo que hablara con ella, le contesté que no y cerré mis ojos”

UN ÁNGEL PARA MI SOLEDAD: Capítulo I

Cómo se puede comenzar a explicar todo lo que ha acontecido desde un tiempo a esta parte… pero creo que, aunque suene ridículo se debe empezar por el principio…

“Estaba en el metro, sentada tratando de asimilar la muerte de mi único familiar que conocía o sabía que existía: mi madre. Acababa de salir del cementerio, no había derramado ni una sola lágrima cuando supe lo que había temido toda mi vida; quedarme sola. Estaba absorta en mis pensamientos cuando repentinamente un joven alto, de cabello castaño con anteojos, vestido de terno se sentó a mi lado, parecía tener prisa, casi me bota cuando entramos al vagón del metro. Nos bajamos en la misma estación, pero nos separamos al salir a la calle.

Al llegar a mi departamento y ver las cosas, todo en el mismo lugar como las había dejado mi madre, sentí rabia que no estuviera a mi lado y comencé a tirar todo. Cuando me di cuenta de lo que hacía, prendí la televisión y tomé asiento. En ella estaban dando un informativo extra; a la salida del metro se había cometido el asesinato de un joven de unos veinte años, al parecer el móvil fue un asalto.

Cuando terminé de escuchar reaccioné. El joven era el chico del metro, esto me reconfortó un poco, aunque suene sádico, pero me hizo bien saber que alguien más sufriría, no solo yo. Entonces una voz detrás de mí dijo:

– ¿Disfrutas con el dolor ajeno?

– En el fondo no- respondí- ¿y tú? – agregué.

– Ya no, me presento mi nombre es Gustavo. – en aquel momento me percate de que debía estar sola en mi casa. Muy lentamente me volteé y lo vi: era el joven asesinado del que hablaban en las noticias.

– Tú es… estas- dije tartamudeando.